PD: siento haber tardado en escribir la historia (si es que alguien la lee). A decir verda perdí el documento, pero luego lo encontré. Siento también que el capítulo sea tan largo, pero es que no se puede cortar, porque se pierde el hilo de la historia, si no lo habeis perdido ya :)
CAPÍTULO ANTERIOR
-Bueno…Espero que no sea nada más-dijo mientras me ayudaba a bajar-Mira quién ha venido a visitarte-susurró al mismo tiempo que sonreía.
Al fin bajé todas las escaleras y me apresuré hacia el salón para verle. Pero estaba equivocada. O no era él, o había adoptado la forma de dos personas muy distintas que estaban sentadas en el sofá.
CAPÍTULO 9
-¡¡Monique!!
Aquellas dos personas se levantaron con prisa y se abalanzaron sobre mí atropelladamente. Me abrazaron con fuerza y empezaron las preguntas.
-¿Qué tal te encuentras?
-¿Qué te ha ocurrido?
-¿Ya estas bien? Nos distes un susto de muerte
-Madre mía que moratón. Pero todo ha acabado, ¿verdad? Que mal lo hemos pasado…
Mientras hacían todas esas preguntas, yo intentaba desquitarme de sus brazos y poco a poco iba dando pasos hacia atrás. Esas personas a las que no reconocía, parecían tener mucha presencia en mi vida, y yo ser muy importante para ellos. Pero me empecé a agobiar y todo me daba vueltas. Cerré los ojos.
-Mamá…-susurré- Me estoy mareando
-Tranquila cariño-me cogió de la mano y me llevó al sofá para que me sentara- Chicos, tranquilizaos, la estáis agobiando un poco
-Lo sentimos mucho-dijo la chica, y ella y el chico se apartaron un poco.
Mi madre les miró con cariño
-Comprenderlo. Esto le viene un poco de sopetón…- y me sonrió
-Lo sentimos, Moniq, estábamos tan preocupados. No sabíamos donde estabas, ni que te había pasado… nos dijeron que estabas en el hospital, pensamos lo peor, y…-la chica dejó de hablar, se le había hecho un nudo de garganta y parecía que iba a empezar a llorar.
Coloqué mis codos en mis rodillas y agaché la cabeza, mirando al suelo. El mareo había cesado, pero aproveché el tiempo que me dejaban para recuperarme, para poder juntar recuerdos y averiguar quienes eran aquellas dos personas. Desgraciadamente no me acordaba.
-Pero ya estás aquí…-dijo el chico, y se arrodilló para acercarse a mí. Subí la cabeza y nuestras miradas se encontraron. Él me sonrió, y yo hice un amago de sonreír.
-¿Te encuentras mejor, cielo?- me preguntó mi madre mientras me tocaba la frente-No tienes fiebre ni nada…
-Sí, ya estoy bien-dije y me levanté-Voy un momento al baño a lavarme la cara y vuelvo.
Anduve hasta salir del sofá pero no me dirigí al baño, giré y me quedé al lado de la puerta. Ellos no me veían, pero yo les podía escuchar. Necesitaba que hablasen para averiguar como se llamaban, sino el hecho de tener secuelas se haría realidad ante ellos, y no era eso lo que yo quería precisamente.
Yo diría que habrían pasado 3 minutos y nadie decía una palabra. Solo silencio. Y en ese momento el silencio era mi enemigo. No entendían como no comentaban nada, aunque fuera sobre mí. Ni una pregunta, ni un comentario, ni una segunda muestra de agradecimiento por parte de mi madre.
-Bueno, chicos. En serio. Muchas gracias por venir a visitarla. Ahora os necesita cómo nunca. Sois sus dos pequeños faros-agradeció sonriendo.
Oh. Mi madre me había leído la mente. Un buen momento para hacerlo.
-No hace falta que lo agradezca, señora Taylor. Ella es nuestra mejor amiga. Y bueno, para mí es casi como una hermana…-aclaró la chica
-Oh Ángela. Sé que vosotras habéis sido inseparables. Ya verás cómo pronto todo vuelve a la normalidad-dijo mi madre animando a Ángela.
Bien, bien. La cosa marcha. La chica se llama Ángela y parece ser que somos inseparables, pensé. En ese preciso momento noté que se hacía un vacío en mi corazón. Desde luego notaba que con ella había tenido una conexión única, pero en mi mente no quedaban recuerdos de ello. Empecé a lamentarlo y a recapacitar. Quizá sí debería admitir que me habían quedado secuelas. Cuando volviera a esa sala, esa chica, para la que soy una hermana, se daría cuenta de que la mayor parte de mi memoria ha sido borrada. Y desde luego eso sería un palo…
-…llamamos y nadie nos atendía. La verdad es que si que pensamos lo peor y…-contaba el chico.
La conversación había continuado sin que yo me diera cuenta.
Imaginé que el chico iba a empezar a llorar porque mi madre le cortó.
-Eric. ¡Eric! Tranquilo ¿vale cielo? Sé que por vuestras cabezas habrá pasado todo tipo que cosas que le podrían haber ocurrido a Moniq…-hizo una pausa. Parecía que ella también había pensado lo peor-…pero ya está en casa. Y dentro de nada ella estará totalmente recuperada.
Dos tantos. Ya sabía el nombre del chico. Eric. Su nombre resonó dentro de mi cabeza y una sensación como de ternura hacia ese nombre se adueñó de mi cuerpo. No recordaba a penas nada de él, pero si sabía que sentía mucho cariño hacia su persona.
Dudé en entrar o esperar un poco más para ver si comentaban algo que ayudase a mi memoria.
-¿Y le ha quedado alguna secuela?-preguntó Ángela.
Nada de esperar. Así que entré rápidamente al salón para contestar a esa pregunta.
-Ninguna, claro está. Estoy bien, en serio. Gracias por venir a visitarme. Os lo agradezco mucho-contesté mientras me sentaba en el mismo sitio donde estaba antes.- Ángela, Eric. Repito: estoy bien. Divinamente. Como una rosa-quizá estaba exagerando un poco, pero les había llamado por su nombre aposta para ver si se relajaban.
-Vale, no te lo haremos repetir. Estás perfectamente-dijo Eric mientras me sonreía. Le brillaban los ojos.
Acto seguido se respiraba tranquilidad en el salón. Mi experimento de llamarlos por su nombre había surgido efecto. Sin embargo Ángela me miraba fijamente. La miré, pero me sentí incómoda y aparté la mirada. Luego pensé ¿retirarías la mirada a tu mejor amiga? Pero ella tendría que entenderlo. Acababa de salir del hospital.
-Bueno, suponemos que estarás cansada. Al fin y al cabo hace nada saliste del hospital. Queríamos hacerte una pequeña visita para asegurarnos de que estabas bien…-comentó Ángela mientras se levantaba.
-…Y estoy de maravilla-la interrumpí mientras la sonreía.
Ella me devolvió la sonrisa.
-Pues eso, que ya nos vamos. Un placer haberla visto señora Taylor-dijo Ángela mientras se acercaba a mi madre para despedirla.
-Un placer, aunque espero que para volver a veros no tenga que ocurrir algo parecido-bromeó mi madre.
Eric también se levantó y se despidió de mi madre con dos besos.
-Os acompañamos a la puerta-dijo mientras se dirigía tras ellos al recibidor.
La seguí.
-En serio muchas gracias por preocuparos tanto de mí. Da gusto tener amigos como vosotros-expliqué. No sabía si estaba sobreactuando.
Ángela y Eric me miraron y rieron.
-Para eso están los amigos-aclaró Eric.
Después ambos salieron de la casa y se despidieron desde fuera con la mano.
-¡Mañana te llamo!-gritó Ángela mientras se alejaba.
Se notaba que nuestra amistad había sido buena.
Y cuando por fin sus siluetas desaparecieron tras girar la esquina, mi madre cerró la puerta.
-Bueno, cariño. Van a ser casi las tres y media. Supongo que tendrás hambre. Voy a preparar la mesa-indicó mi madre.
-¿Las tres y media? ¿Ya has hecho la comida?-pregunté con sorpresa
-Sí, el tiempo pasa rápido. He preparado tallarines con salsa…
-¿Cuándo los has preparado?
-Mientras estabas en tu cuarto. No se tarda mucho, además ya sabes que soy muy buena cocinera-me explicó a la vez que entraba en la cocina.
-Ah, claro…-dije dudosa. Realmente no lo sabía. Un pequeño pinchazo, por no recordar las virtudes de mi madre… Además no solo había perdido parte de la memoria, sino también la noción del tiempo.
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Save The Music
(..) Fue entonces cuando no pude evitar reírme de la situación. Mi madre me miró asustada pero luego en su cara atisbó una gran sonrisa. Mientras reía me llené un vaso de agua del fregador y admití que aquel iba a ser un día muy largo.
"VISITA INESPERADA"
Era ya media mañana y ésta no había transcurrido sin grandes acontecimientos. Algunas llamadas de familiares preocupados. Ratos paseando por la casa e investigándola. Conseguí recordar de que la casa tenía tres plantas: la primera, donde estaba la despensa, la campera y el garaje. Sin embargo, aunque habíamos llegado en coche a casa la noche anterior, mi madre había decidido aparcar fuera para no hacerme subir escaleras. Por lo visto quería que mis esfuerzos fueran nulos. En la segunda planta estaba la cocina, el salón, una salita, un cuarto de baño y el recibidor. En la tercera estaban las habitaciones, demasiadas para dos personas. Cuando subí me encontré con que había 4 habitaciones y dos baños. No entendía por qué la casa era tan grande para dos personas. Supuse que quizá vinieran muchos familiares de vez en cuando, pero no lograba recordar ningún tipo de visita que hubiera durado más de una tarde.
Al llegar a mi habitación me asombré bastante. Era muy amplia, con paredes de color turquesa y una gran cama pegada a la pared de la derecha. Parecía una cama de matrimonio. Enfrente de la puerta estaba la ventana, con unas cortinas de rejilla de color blanco. Estaba entornada. Debajo de la ventana un gran escritorio de madera blanda con tres grandes cajones a la izquierda y una silla de escritorio acolchada de color rojo. Al entrar vi que la habitación era más grande de lo que pensaba. El armario ocupaba toda una pared. Sobre la cama había varías estanterías con libros y adornos y en la pared de la izquierda se encontraba lo que parecía un caro equipo de música. La verdad, no me podía quejar. En las paredes había diplomas y medallas colgadas con chinchetas, además de marcos con fotos. Me sentí muy triste al darme cuenta de que no la recordaba. Me senté en la silla e inconscientemente empecé a dar vueltas mientras miraba la habitación. Me gustaba mucho, se notaba que era mía. De repente oí un sonido que no reconocí. Acto seguido escuché a mi madre abriendo la puerta de la calle. Parecía que alguien había llamado al timbre. Me levanté rápidamente y presté atención a cualquier sonido.
-¡Cielo!¡Han venido alguien a verte!-anunció mi madre.
Salí con prisa de la habitación. Seguro que me había venido a visitar. Seguro que se había arrepentido de no haberme visto el día anterior y había decidido visitarme a mi casa. Seguro que era mi salvador, seguro que…
Bajé las escaleras precipitada, lo que hizo que me mareara en la mitad y me tuviera que sentar en un escalón para recomponerme.
Al verme así, mi madre se asustó y subió apresuradamente hasta donde yo estaba.
-¿Estás bien cielo?¿Te pasa algo?-me preguntaba temiendo algo malo.
-No, no tranquila-aseguré mientras me levantaba- Es que he bajado con demasiadas prisas, y se me ha subido el desayuno.
-Bueno…Espero que no sea nada más-dijo mientras me ayudaba a bajar-Mira quién ha venido a visitarte-susurró al mismo tiempo que sonreía.
Al fin bajé todas las escaleras y me apresuré hacia el salón para verle. Pero estaba equivocada. O no era él, o había adoptado la forma de dos personas muy distintas que estaban sentadas en el sofá.
Read More......Un sentimiento de rabia se hizo dueño de mi cuerpo. Las cosas no podían quedar así. Tenia que verle y aclarar cosas y obtener respuestas, y ante todo agradecer y…el corazón me dio un vuelco al oír su voz en mi cabeza. Era tan preciosa. Tan dulce y tranquilizadora que no me hubiera importado dormirme escuchándola.
Entonces, absorta en mis pensamientos me quedé dormida.
-Hey, mi pequeña. Despierta
…..uf
-Venga cariño, debes despertarte. Ayer te dormiste sin comer nada. No es bueno que estés tanto tiempo en ayunas…
Uf. Abrí los ojos lentamente y me incorporé. Miré a mí alrededor. Estaba en el salón y mi madre sentada a mi lado desenredándome el pelo.
-¿Has dormido bien cielo?-me dijo. Se le notaba aún preocupada por lo ocurrido. Me miraba con gran ternura, lo que hizo que me sintiera bien.
-Bueno...sí.-sonreí-¿pero por qué no me despertaste? Sé que no te gusta nada que me duerma en el sofá…-mientras decía esto me di cuenta de que me en mi mente afloraban recuerdos, costumbres y hábitos. Quizá no hubiera ninguna secuela, sino algo momentáneo.
Mi madre me sonrió y me besó en la mejilla.
-Cariño, no me importa. Estabas muy cansada y no quería molestarte. Anda vete a lavarte la cara y vienes a desayunar.
Se levantó y salió del salón.
Bostecé. Tenía bastante sueño, aunque no había dormido mal. Juraría que había tenido un sueño movidito, pero solo alcanzaba a recordar imágenes que en ese momento no tenían ningún sentido. Me levanté y me deshice la manta que se me había envuelto en el cuerpo y que parecía no querer soltarme. Cuando logré deshacerme de ella me acerqué a la ventana del salón y me asomé.
Hacía un espléndido día, y necesitaba que fuera así. De camino para salir del salón pasé al lado del majestuoso piano y me di cuenta: había sido uno de los protagonistas de mis sueños, pero no recordaba ni cómo ni por qué. Hice ademán de tocar sus blancas teclas, pero mi mano retrocedió y decidir salir y por fin acicalarme un poco.
Finalmente decidí ducharme, logrando convencer a mi madre de que no necesitaba su ayuda para ello y que si me pasaba algo gritaría. No se quedó contenta con mi contestación así que tuve que dejar la puerta del baño entre abierta.
Una vez vestida y aseada me dirigí a la cocina. Había tardado demasiado y mi desayuno se había quedado frío.
-No te preocupes cielo. Te caliento la leche y las tostadas. A menos que quieras otra cosa. Pide por esa boquita anda.
-Está bien así mamá…-aparté una silla y me senté-No estoy invalidad ni nada. Tengo una edad. Aunque si me acercas el café te lo agradecería…-pedí con una sonrisa.
-Claro. Toma. ¿Seguro que no quieres nada más? Me parece poco-insistió. Formaba parte de ella, insistir y repetir las cosas hasta quela repitiera la respuesta mil veces.
-Mamá…-dije mientras me levanté y me acerqué a ella-Mírame-le pedí-Estoy bien en serio. No tienes por qué seguir preocupada. Todo ha pasado-entonces la abracé y me di cuenta de que ambas necesitábamos ese abrazo. Después me senté otra vez y me eché café en la taza.
-¡Puaaj!! ¿Qué es esto mamá?-grité mientras escupía en la servilleta.
-¡Ups! ¡Lo siento cariño! Me he equivocado. Te he puesto achicoria en vez de café-dijo con nervios mientras olía el contenido de la jarra-¡Te juro que no me he dado cuenta!
Fue entonces cuando no pude evitar reírme de la situación. Mi madre me miró asustada pero luego en su cara atisbó una gran sonrisa. Mientras reía me llené un vaso de agua del fregador y admití que aquel iba a ser un día muy largo.
Read More......-¿Y me puedo ir a casa?-interrumpí.
-Primero nos gustaría hacerte unas pruebas para asegurarnos de que estas bien y después te daremos el alta. ¿Estás de acuerdo?
Sonreí.
-Por supuesto.
CAPÍTULO 6: POR FIN EN CASA
-Bueno cariño. Ya sabes. Ahora a descansar. Lo que te ha ocurrido no ha sido muy grave, pero no lo ocurre a todo el mundo todos los días- me decía mi madre mientras abría la puerta de casa
-De acuerdo mamá. Subiré a mi cuarto. Me meteré en mi cuarto y descansaré.-dije mecánicamente
La puerta de la casa tenía doble cerrojo
-Cariño hablo en serio. Esto que te ha ocurrido no es normal. Pero aún así ya sabes que el doctor quiere que sigas yendo para asegurarnos de tu salud
Por fin entramos en casa. Abrimos la puerta y pasamos al recibidor. Me quité mi abrigo negro de lana, y lo colgué en la percha. Mi madre hizo lo mismo y dejó las llaves en un cuando verde sobre una mesita de color caoba, sobre la que estaba un espejo. Aproveché para ver que pintas tenía. La verdad es que entendía la preocupación de mi madre. No solo me había quedado inconsciente sin saber el motivo, sino que parecía estar muerta. Mi peculiar tono de piel dorado se había vuelto un horroroso pálido señal de una persona muy enferma y con malestar. El cabello despeinado para variar y el precioso moratón todavía colorado que adornaba mi frente.
Estaba hecha un pincel.
-¿Qué haces?-preguntó cariñosamente mi madre desde el salón
Salí de mis pensamientos.
-Nada
Entré al salón y el alma se me cayó a los pies. No lo recordaba en absoluto. Era como si acabará de entrar en una casa que conocía ciertas cosas pero que acababan de reformar por completo el salón. Intenté que el asombro no se reflejase en mi cara. Observé el salón. La verdad es que era precioso. A un lado había un sofá y un sillón blancos, de lo que parecía terciopelo. Las paredes eran de color rojo amelocotonado adornadas por trazos finos y alargados negro que dibujaban como rosas. Una pantalla de plasma negra sobre una pequeña y baja mesita blanca. Enfrente del sillón una mesa de cristal llena de revistas. Al fondo toda la pared estaba ocupada por una gran estantería que combinaba maderas negras y blancas. Estaba llena de libros y colecciones de enciclopedias. Además de todo tipo de adornos y marcos con fotos en las que muchas era yo la protagonista.
Cuando por fin me senté me di cuenta de que en la esquina izquierda, cerca de donde estaba la puerta estaba situado un gran piano de cola. Me impresionó. Y entonces recordé. Amaba ese instrumento. Me encantaba quedarme noches hasta la madrugada practicando multitud de melodías. Estaba impoluto y parecía tan hermoso… pocas personas pueden saber el poder de un instrumento y la música que puede crear.
Mi madre se dio cuenta de que me había quedado algo anonadada mirando el piano y se acercó a mí pasándome el brazo por encima
-¿Por qué no lo tocas un poco?
Ella sonreía. yo seguía observando aquel instrumento que parecía haber llenado tantos momentos en mi vida… momentos que a penas recordaba. Caí en la cuenta de que en realidad no me acordaba de tocarlo, y mi madre se podría dar cuenta, y asustarse. Lo que significaría que se alarmaría y llamaría al hospital por mis irrazonables lagunas.
-Es que ahora no tengo muchas ganas.-mentí
-Huy, es verdad cariño. Debes de estar agotada. Te voy a preparar algo-dijo mientras se levantaba
-Pero no tengo hambre…-ella ya había salido del salón. Además era una madre, mi madre. Aunque la dijera que no tendría hambre me prepararía algo. Es su naturaleza. Contradecir a las hijas. O por lo menos en la mayoría de ocasiones. Aunque por eso se las quiere tanto.
Eché un vistazo a las revistas que estaban encima de la mesa de cristal. Todas trataban de decoración. Ahora entendía porqué el salón parecía sacado de revista. Inconscientemente me reí.
Volví a mirar el piano. Y entonces alguien llegó a mi mente. MI salvador. MI héroe volvía a mi cabeza para hacerla funcionar un rato. Ahora que lo pensaba, me había dicho que me iba a volver a visitar. Bueno no exactamente. Dijo que estaría cerca, y en el hospital no había vuelto a aparecer. Quizá se había acercado a mi habitación, pero al verme con mi madre, que no se había despegado de mí ni un segundo, a lo mejor había decidido no pasar tal vez por no interrumpir o tal vez por vergüenza. Un sentimiento de rabia se hizo dueño de mi cuerpo.
Entonces, absorta en mis pensamientos me quedé dormida...
Parece ser que alguien del hospital te ha reconocido y la ha avisado. Ahora está rellenando unos papeles pero dentro de nada la tendrás aquí.
-Vale-respondí mientras asentía con la cabeza
-Pues eso. Ahora vendrá. Enfermera creo que deberíamos dejarla sola a la chica-y seguido salió de la habitación.
La enfermera en cambio me echó un último vistazo antes de salir y pude leer que su mirada decía "pobrecilla…lo que habrá tenido que pasar", y al saber eso me invadió un pensamiento y es que era que si había algo que odiaba y que recordaba a la perfección era que diera pena a los demás, pena, que no compasión.
Entró por fin llegó. Mi madre estaba allí y con ella todo el mar de preocupaciones, dudas, cuestiones y mimos que la situación requería.
-¡CARIÑO! Mi vida ¿Qué tal estas? ¿Te encuentras bien?
-Mamá, por favor, deja de sobarme. Estoy bien. Aquí me ves. Vivita y coleando.
-Te das cuenta del susto que me has dado- no era momento de reprimendas, pero así son las madres, una de cal otra de arena. Acto seguido volvió a abrazarme y a mirar mis manos y mis brazos- Pobre. Tienes heridas. ¿Seguro que estás bien? ¿Qué ocurrió?
Buena pregunta. Ahora como le contaba yo a mi madre que sin darme cuenta me había despertado encerrada en un ataúd y gracias a un chico que no se ni como se llamaba ni que hacia en ese momento ni como me sacó de allí había logrado salvarme la vida.
-Pues…-tenía que decirla algo pero no podía decirle la verdad, aunque… ¿valía la pena mentirla?
-Ay mi niña. Me has tenido muy preocupada. Por un momento cuando me avisaron de que estabas aquí, pensé, pensé…
-Que a mi también me perderías-dije terminando su frase.
Entonces ella sonrío melancólica y asintió con la cabeza. Iba a llorar.
-Mamá, no te me pongas a llorar ahora-la dije sonriendo-Estoy bien. Estoy contigo. Lo único que tengo son algunos rasguños…
-Y alguna secuela-interrumpió el médico. Había entrado silenciosamente sin que ninguna de las dos nos diéramos cuenta-¿Es usted su madre?
-Si...
-Encantado. Soy el doctor Ness. Andrew Ness.
-Apellido y nombre muy peculiares para una persona que vive aquí-mi madre como siempre tan observadora.
-Si bueno, pero no nací aquí- aclaró el doctor.
Me pareció, aunque no debía serlo, un momento algo incómodo así que carraspee para que ambos se concentraran en mí. Y funcionó.
-Bueno. Lo que le venía a aclarar- continuó Andrew- es que un chico trajo a su hija inconsciente. Tenía las manos con magulladuras y un moratón en la cabeza como puede ver- dijo señalándolo.
-Hombre en lo que respecta a salud está perfectamente. Se debió marear o perder la respiración lo que hizo que se quedará inconsciente y al caer se debió golpear contra algo.
¿Por qué no le había dicho yo eso a mi madre? Un hombre listo. Claro. Es médico.
-¿Pero tiene alguna secuela? ¿Y por que se mareó? ¿Saben la causa? ¿Que te pasó cariño?-haciéndome esa pregunta a mi.
Demasiadas preguntas pensé, y muy pocas respuestas.
-Pues de momento no sabemos la causa. Y ella no se acuerda, seguramente debido al golpe.
-¿Y me puedo ir a casa?-interrumpí.
-Primero nos gustaría hacerte unas pruebas para asegurarnos de que estas bien y después te daremos el alta. ¿Estás de acuerdo?
Sonreí.
-Por supuesto.
Entonces no se por qué en ese momento recordé que mi padre había muerto. Hace 6 años. Quizá mi memoria no estuviera tan bien como pensaba, y a pesar de recordar que había sido ya hace tiempo me sentí como si acabara de recibir la noticia de su muerte...
CAPÍTULO 4
-Cariño, ¿estás bien? Te has puesto pálida.
No podía hablar. No me salían las palabras. Es cuando intenté acordarme de más cosas, y me di cuenta de que no recordaba mucho. LO justo. Mi nombre, donde vivía, que no tenia hermanos, y que adoraba tocar el piano. No sabía nada. Entonces me alarmé y la enfermera se dio cuenta.
-¿Te encuentras bien? Espera un momento. ¡Doctor!... ¡Doctor!
Al darme cuenta de que llamaba al doctor, regresé rápidamente de mis pensamientos. No quería que pensaran que me quedaba alguna secuela.
-Estoy bien, estoy bien-dije apresuradamente
La enfermera me miró. Demasiado tarde. MI médico ya había llegado
-tranquila, la enfermera no te va a clavar ninguna aguja-bromeó
-Doctor, de repente se ha quedado pálida. Sus ojos se han desorbitado y no hablaba-dijo asustada la enfermera
El doctor me miró extrañado mientras apartaba a la enfermera para acercárseme.
-¿Puedes hablarme?
-Si, si que puedo-contesté lo mas tranquilamente posible- solo estaba intentado recordar algunas cosas…
-Y entonces te has dado cuenta de que no podías-dijo rápidamente
Bajé la mirada. No quería aceptarlo.
-Mírame-me sonrió de manera tranquilizadora e intentó buscar mi mirada- es posible que se una secuela- JUSTO la palabra que no quería oír.
-Supongo…pero a lo mejor no... Es decir... digo...-me estaba trabando y demostrando que quizá tuviera alguna secuela más entonces decidí callarme y resoplar.
El médico me observó y puso su mano sobre mi hombro. Era la primera persona que me tocaba después de haber pasado por la experiencia que me había llevado hasta el hospital, y no pude evitar que un escalofrío me recorriera el cuerpo. Algo que pasó inadvertido para el médico.
-¿Tienes frío?-vaya parecía que se había dado cuenta-Bueno. Tengo buenas noticias, hemos conseguido contactar con tu madre. Parece ser que alguien del hospital te ha reconocido y la ha avisado. Ahora está rellenando unos papeles pero dentro de nada la tendrás aquí.
-Vale-respondí mientras asentía con la cabeza
-Pues eso. Ahora vendrá. Enfermera creo que deberíamos dejarla sola a la chica-y seguido salió de la habitación.
PD: seguiré haciendo entradas de la historia en proporción a su interés.
Si os gusta la historia, hacermelo saber con un comentario, lo agradecería.
Que aprovecheís lo que queda de día ^^
Salu2
Era él. Era mi salvador. Aunque nadie me hubiera dicho nada sabía que era él, sabía que él había sido quién me había traído en sus brazos salvándome la vida.
Tenía la piel de color dorado pálido, ojos de un color verde claro pero a la vez intenso. Pelo algo largo y despeinado de color cobre. Vestía unos vaqueros negros y una camisa azul muy claro sacada por fuera acabada en pico. Hombros anchos y unos brazos que a pesar de estar cubiertos parecían musculosos. Su cara era el reflejo del cansancio. Estaba en posición de entrar…pero no parecía seguro
-¿puedo pasar?
SU voz. Recordé todo nuevamente y volví a sentir una oleada de calor. Esa voz me hacía sentir bien. Me reconfortaba. NO podía explicar como esa voz, tan melodiosa, pudiera ejercer ese efecto sobre mi, pero tampoco necesitaba un por qué. Solo necesitaba volver a escucharla
-claro. Siéntate si quieres- mientras le indico un sillón.
-gracias.
Me sonríe mientras camina por delante de mi cama para sentarse en el sillón del otro lado. Se sienta y me mira. Parecía que ninguno de los dos estábamos dispuestos a hablar. Nos quedamos mirando el uno a otro. Pero noté como cierta incomodidad aflora en él y rompe el silencio
-¿Cómo te encuentras?
-Bueeeno... es una pregunta relativa. En si me encuentro bien, pero mentalmente tengo lo que pudiera llamarse cacao mental-me vuelve a sonreír- pero por lo menos ya estoy a salvo
Esa última frase hizo que sus músculos se pusieran tensos y su cara mostrara plena preocupación.
-si ya estas a salvo-dijo mientras dedicaba una mirada al suelo.
El silencio volvió a reinar, pero aún así no estaba incómoda. Su presencia, él en sí emitía cierta energía que me hacía sentir a salvo y como si hubiera cierta conexión. Sin embargo pensé que era sensación sería porque me acababan de meter un chute de algo a lo que la enfermera había llamado "no te preocupes cariño, con esto te vas a sentir bien..."
-¿quién eres?-le solté
Subió la mirada y me miró sorprendido.
-Entiendo que acabes de despertar…per...
-Si, lo siento, no son modales-dije arrepentida- quería decir... bueno... eso...si te importaría decirme quién eres
El ahora me miraba fijamente como intentando descifrar un puzle escrito en mi cara. Entonces miró su reloj.
-Me tengo que ir-dijo mientras se levantaba
-¡No!-dije impulsivamente.
Él me volvió a mirar, pero en su cara ahora solo había tristeza.
-Tranquila. No estaré muy lejos. Te dejo porque necesitas descansar. Luego te haré otra visita
Al decir que volvería me sentí aliviada. Pero aún así no quería que se fuese. Quería seguir hablando. Que me aclarara cosas. ¿Cómo me encontró? ¿Cómo sabía que estaba allí? Tenía muchas preguntas, pero parecía que por el momento no iba a tener respuestas. Así que me resigné a seguirle con la mirada y ver como abandonada la habitación.
Inmediatamente entró una enfermera.
-Vaya vaya, que novio más guapo tienes jovencita-dijo mientras se me acercaba
-No, no. No es mi novio-dije algo incómoda.
-Ah. Lo siento. Es que como te vi que le mirabas...así...-rápidamente al ver que estaba metiendo un poco la pata y yo me estaba sonrojando cambió de tema rápidamente- veamos, me ha dicho el doctor que te tomara las notas, para así poder contactar con tus padres.
Entonces no se por qué en ese momento recordé que mi padre había muerto. Hace 6 años. Quizá mi memoria no estuviera tan bien como pensaba, y a pesar de recordar que había sido ya hace tiempo me sentí como si acabara de recibir la noticia de su muerte
Read More......Aquel la voz dulce y suave me había hecho aguantar, pero estaba demasiado débil y me rendí ante el cansancio. Entonces, me quedé inconsciente....
Capítulo 2
Abrí los ojos e intenté enfocar. Estaba otra tumbada lo que hizo que me alertara y me levantara a toda prisa. Esta vez si me pude levantar, pero al instante me mareé. Intente equilibrar mi cuerpo y situarme. Miré mis pies y una vez que pequeño mareo remitió subí la vista para ver donde me encontraba. Comprobé con alivio que no era madera lo que me rodeaba y que había perdido de vista el ataúd. Al recordad donde había estado encerrada, la voz de aquel extraño que me había sacado de allí sonó en mi cabeza y tuve una gran necesidad de volver a escucharla y saber a quien pertenecía; pero primero debía saber donde localizaba yo. Hice un esfuerzo para poder ordenar mis pensamientos y centrarme. Aunque ya tenía los ojos abiertos, no me día cuenta hasta después de un tiempo que la estancia donde me encontraba parecía la habitación de un hospital.
-Vaya, si estás despierta. Aunque no creo que tengas muchas fuerzas así que será mejor que te vuelvas a acostar
Acababa de entrar un hombre de pelo negro con bata blanca que debía ser el médico. Le miré y me sonrió. No dude en hacerle caso y volver a sentarme.
-Bueno, ¿Qué tal te encuentras?-me preguntó mientras se acercaba. No me gustó esa pregunta, porque es la que te suelen hacer después de haber pasado por algo medianamente grave.
Esperé a acomodarme en la cama y taparme con la sábana para contestarle
-Bien… bueno…no se… ¿Dónde...Que hago aquí y por que? ¿Qué me ha pasado?
-Esperaba que me lo pudieras decir tú- lo decía preocupándose realmente, pero solo pudo hacer que me sintiera mal. Debí poner cara de pena porque el volvió a hablar rápidamente
-Bueno, si no te acuerdas no te preocupes. Aquí estamos para que te recuperes. A lo mejor es una secuela. Seguro que luego te acordarás.
Volvió a sonreír
-si... luego… ¿Pero qué me ha pasado?
-Pues nada grave. Un chico te trajo porque estabas inconsciente. Tenías algunas magulladuras en las manos y un moratón en la cabeza
Inmediatamente al oír eso mire mis manos… era cierto estaban llenas de heridas. Y me toqué la cabeza. Me dolía.
-Pero ya has despertado y pareces estar bien que es lo importante
Todo lo decía sonriente. Y no era una sonrisa forzada, era una sonrisa natural que hacía al hombre ciertamente atractivo y me hacía sentir segura
-¿y mis padres?
-Bueno, la verdad es que no sabemos quién eras así que no pudimos contactar con nadie de tu familia. Se lo preguntamos al chico pero decía que no te conocía. Que simplemente te había encontrado así y al ver que necesitabas ayuda te trajo lo más rápidamente.
-Ah…bueno… ¿puedo llamarles?
-Si te acuerdas del número…
Eso último lo dijo dudando. Era extraño. Yo siempre había visto en las serias y en las pelis que cuando te despertabas de estar inconsciente lo primero que hacían era coger e intentar abrir tus ojos lo máximo posible y acto seguido enfocarte con una mini linterna pequeña pero siempre de gran potencia, hacerte la típica pregunta de “¿Cuántos dedos ves?”, y después preguntarte quién eras y si te acordabas de tu nombre, tu dirección…
Pero él no, y la verdad es que lo agradecía.
-Bueno, que me dices, ¿te acuerdas del número de tus padres?
-ah. Si, si
-Bueno yo ahora me tengo que ir. Voy a mandar a una enfermera para que te tome notas y así podamos contactar con ellos
-de acuerdo
- te dejo sola, no tardará mucho.
Me guiña el ojo
-No pienso moverme
Sonríe y sale de la habitación.
Sola. Ahora estoy sola y lista para pensar. Me vuelvo a mirar las manos. Lo que es la memoria no la he perdido. Me acuerdo de todo...pero aún así… Un ataúd. ¿Qué hacía yo en un ataúd? ¿Quién me había metido allí? ¿Y por que?
Empieza a recrear en mi mente todo lo que había ocurrido cuando llaman a la puerta.
Bueno, aquí dejo el inició de una historia que he comenzado.
Todo estaba oscuro, no había a penas luz. Un sudor frío me recorrió la espalda. Me dolía la cabeza y ésta me daba vueltas. Hice un esfuerzo por recordar donde había ido a parar pero no recordaba nada. Cuando conseguí recobrar totalmente el sentido intenté levantarme, pues estaba recostada sobre un suelo húmedo y duro. ¿Dónde estaba? Hice un intento para ponerme en pie, pero una pared me lo impidió. Intente girarme pero las estrechas paredes no me dejaban. Entonces, fue cuando me di cuenta de que estaba encerrada… encerrada en un ataúd.
Era estrecho con poco espacio y no me podía mover. Sentí claustrofobia e impotencia. Poco a poco empecé a cavilar en cuanto tiempo llevaría ahí y cuanto oxigeno habría gastado. Pero mi cerebro dejó de pensar en las horas que me podrían quedar cuando sentí que el aire no me llegaba. Grité y grité pero era inútil. ¿Qué hacía en un ataúd? ¿Me habrían enterrado? Patee y golpee las tablas pero estas no se movieron. Me faltaba el oxigeno. Iba a morir. Me encontraba muy débil y a penas me quedaban fuerzas para seguir luchando. La cabeza me daba vueltas y sabía que no tenía esperanzas. Así sería mi muerte. Allí iba a morir. Deje que mis párpados, ya cansados, fueran cerrándose poco a poco. Tampoco sería tan grave. En realidad no sufría. Sería una muerte, no dulce, pero si tranquila. Mi cuerpo desfallecía y cuando hacía mi último esfuerzo por respirar… ocurrió.
El ataúd se abrió y sentí como unos fuertes brazos me cogían y me sacaban de aquel lugar. Me pareció que el extraño que me tenía en sus brazos decía algo, pero no entendí nada. No hice un esfuerzo por escuchar y tampoco por abrir los ojos. No intenté preguntar quien era ni decirle a donde me llevaba. No me importaba. Quise decirle que me dejara pues quería descansar en paz. No creía que me quedara mucho tiempo de vida, ¿para que hacer gastar fuerzas a aquel extraño? Fue cuando decidí usar las pocas fuerzas que me quedaban para decirle que me dejara allí mismo, pero de mi voz solo salió un pequeño susurro. Entonces aquel extraño dijo algo que esta vez si entendí:
-Aguanta, por favor. No estamos lejos del hospital. Por favor aguanta. Estarás bien, te lo prometo.
Fue la voz más perfecta que había escuchado en toda mi vida. Era una voz hermosa y bella, era muy suave pero a la vez cálida. Al instante esa voz hizo que me reconfortara y empecé a luchar para poder seguir con vida. Quería luchar para volver escuchar esa voz, esa voz que había hecho que una pequeña ola de aire caliente invadiera mi cuerpo haciéndome sentir bien, sensación que no había tenido desde hace bastante. Intenté pedirle que hablara, pero mi intento fue fallido y él se dio cuenta.
-Ssssh. No intentes hablar. No gastes fuerzas en eso. Ya falta poco. Aguanta, por favor, ya estamos cerca.
A pesar de que seguramente ya estaba desfalleciendo, sentí que esa voz me daba fuerzas y sino hubiera sido porque estaba totalmente debilitada creo que mis labios habrían sonreído. En ese momento sentí la gran necesidad de abrir mis ojos y ver a quien pertenecía esa voz tan hermosa y aterciopelada. Mis párpados no se abrieron pero pude darme cuenta de que entrabamos en algún lugar donde había luz y bastante gente. Aquel la voz dulce y suave me había hecho aguantar, pero estaba demasiado débil y me rendí ante el cansancio. Entonces, me quedé inconsciente.
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