-¿Y me puedo ir a casa?-interrumpí.
-Primero nos gustaría hacerte unas pruebas para asegurarnos de que estas bien y después te daremos el alta. ¿Estás de acuerdo?
Sonreí.
-Por supuesto.


CAPÍTULO 6: POR FIN EN CASA

-Bueno cariño. Ya sabes. Ahora a descansar. Lo que te ha ocurrido no ha sido muy grave, pero no lo ocurre a todo el mundo todos los días- me decía mi madre mientras abría la puerta de casa


-De acuerdo mamá. Subiré a mi cuarto. Me meteré en mi cuarto y descansaré.-dije mecánicamente

La puerta de la casa tenía doble cerrojo

-Cariño hablo en serio. Esto que te ha ocurrido no es normal. Pero aún así ya sabes que el doctor quiere que sigas yendo para asegurarnos de tu salud

Por fin entramos en casa. Abrimos la puerta y pasamos al recibidor. Me quité mi abrigo negro de lana, y lo colgué en la percha. Mi madre hizo lo mismo y dejó las llaves en un cuando verde sobre una mesita de color caoba, sobre la que estaba un espejo. Aproveché para ver que pintas tenía. La verdad es que entendía la preocupación de mi madre. No solo me había quedado inconsciente sin saber el motivo, sino que parecía estar muerta. Mi peculiar tono de piel dorado se había vuelto un horroroso pálido señal de una persona muy enferma y con malestar. El cabello despeinado para variar y el precioso moratón todavía colorado que adornaba mi frente.
Estaba hecha un pincel.

-¿Qué haces?-preguntó cariñosamente mi madre desde el salón

Salí de mis pensamientos.

-Nada

Entré al salón y el alma se me cayó a los pies. No lo recordaba en absoluto. Era como si acabará de entrar en una casa que conocía ciertas cosas pero que acababan de reformar por completo el salón. Intenté que el asombro no se reflejase en mi cara. Observé el salón. La verdad es que era precioso. A un lado había un sofá y un sillón blancos, de lo que parecía terciopelo. Las paredes eran de color rojo amelocotonado adornadas por trazos finos y alargados negro que dibujaban como rosas. Una pantalla de plasma negra sobre una pequeña y baja mesita blanca. Enfrente del sillón una mesa de cristal llena de revistas. Al fondo toda la pared estaba ocupada por una gran estantería que combinaba maderas negras y blancas. Estaba llena de libros y colecciones de enciclopedias. Además de todo tipo de adornos y marcos con fotos en las que muchas era yo la protagonista.

Cuando por fin me senté me di cuenta de que en la esquina izquierda, cerca de donde estaba la puerta estaba situado un gran piano de cola. Me impresionó. Y entonces recordé. Amaba ese instrumento. Me encantaba quedarme noches hasta la madrugada practicando multitud de melodías. Estaba impoluto y parecía tan hermoso… pocas personas pueden saber el poder de un instrumento y la música que puede crear.

Mi madre se dio cuenta de que me había quedado algo anonadada mirando el piano y se acercó a mí pasándome el brazo por encima

-¿Por qué no lo tocas un poco?

Ella sonreía. yo seguía observando aquel instrumento que parecía haber llenado tantos momentos en mi vida… momentos que a penas recordaba. Caí en la cuenta de que en realidad no me acordaba de tocarlo, y mi madre se podría dar cuenta, y asustarse. Lo que significaría que se alarmaría y llamaría al hospital por mis irrazonables lagunas.

-Es que ahora no tengo muchas ganas.-mentí

-Huy, es verdad cariño. Debes de estar agotada. Te voy a preparar algo-dijo mientras se levantaba

-Pero no tengo hambre…-ella ya había salido del salón. Además era una madre, mi madre. Aunque la dijera que no tendría hambre me prepararía algo. Es su naturaleza. Contradecir a las hijas. O por lo menos en la mayoría de ocasiones. Aunque por eso se las quiere tanto.

Eché un vistazo a las revistas que estaban encima de la mesa de cristal. Todas trataban de decoración. Ahora entendía porqué el salón parecía sacado de revista. Inconscientemente me reí.
Volví a mirar el piano. Y entonces alguien llegó a mi mente. MI salvador. MI héroe volvía a mi cabeza para hacerla funcionar un rato. Ahora que lo pensaba, me había dicho que me iba a volver a visitar. Bueno no exactamente. Dijo que estaría cerca, y en el hospital no había vuelto a aparecer. Quizá se había acercado a mi habitación, pero al verme con mi madre, que no se había despegado de mí ni un segundo, a lo mejor había decidido no pasar tal vez por no interrumpir o tal vez por vergüenza. Un sentimiento de rabia se hizo dueño de mi cuerpo.
Las cosas no podían quedar así. Tenia que verle y aclarar cosas y obtener respuestas, y ante todo agradecer y…el corazón me dio un vuelco al oír su voz en mi cabeza. Era tan preciosa. Tan dulce y tranquilizadora que no me hubiera importado dormirme escuchándola.
Entonces, absorta en mis pensamientos me quedé dormida...

martes, 30 de marzo de 2010 Posted in | | 1 Comments »

One Responses to "Capítulo 6"

  1. Aby says:

    Adoro esta historia Sister!!
    =D